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Cuento Corto.


John Martin Smith III era el heredero del imperio Martin Smith, la conocida empresa de calzoncillos. Al morir su padre, y como único heredero del conocido imperio, John Martin Smith III se convirtió automáticamente en el hombre más rico de la tierra. El invento de su antepasado, los calzoncillos superabsorbentes que dejaban orinar sin necesidad de ir al baño convirtió a la familia Martin Smith en la más rica del país, pero sus posteriores evoluciones, desde bragas a slips, pasando por tangas y boxers, habían convertido a los "Martin Smith" en la prenda de ropa interior oficial de la tierra. Nadie usaba otra cosa, y el continuo uso de ropa interior convirtió a su familia en la más rica del planeta.

Pero John Martin Smith III por desgracia no era como su padre. Tampoco era como su abuelo, en paz descanse, o como el padre de este, el John Martin Smith original, creador de los calzoncillos superabsorbentes. Desde los tiempos de su tatarabuelo, y con la intención de preservar una estirpe tan pura (capaz de desarrollar una ropa interior tan genial) los Martin Smith se habían dedicado a reproducirse entre hermanos, lo que, como todo el mundo sabe, tiende a llevar a generaciones digamos... peculiares. John Martin Smith III debido a que sus padres eran hermanos, y los padres de estos a su vez también, había nacido con ciertas... peculiaridades.

Tendía a gritar sin tener un motivo aparente, caminaba a grandes zancadas y con la cabeza gacha, era bizco y tenía tres paletas. Además su comportamiento (más allá de la evidente inestabilidad mental que se manifestaba en forma de gritos) era realmente extraño. Cambiaba de humor de golpe y tendía a encapricharse de absolutamente todo, lo que le llevo a compras realmente extrañas.

La ultima de las compras estrafalarias que realizó John Martin Smith III ocurrió un 9 de Julio de un año en el que el verano no había llegado con fuerza. Aquel día John Martin Smith III compró nada menos que el futuro.

Todos los titulares del planeta se hicieron eco de la noticia, y el hecho de que el heredero del imperio Martin Smith se hubiese convertido en el dueño del futuro lo convirtió, o al menos así lo retrataron los diarios, en el hombre más peligroso de la tierra. Y es que cualquier acto que aconteciese ahora sería propiedad de John Martin Smith III y su familia. La grandes naciones del mundo no sabían que hacer, ya que cualquier plan de ataque que tuviesen con intención de atentar contra la vida del dueño del futuro, al ser un plan futuro, le pertenecía, lo que significaba que necesitaba de su aprobación para ser realizado, algo que evidentemente nunca terminaba ocurriendo (el tipo era un loco pero tampoco era idiota).

Cuando peor estaban las cosas y nadie sabía que hacer un pequeño hombre de uno de los pueblos más insignificantes del medio de ninguna parte encontró la respuesta. John Martin Smith III era dueño del futuro, pero no era, ni sería nunca, dueño del presente. Por eso un día que no tenía nada mejor que hacer Peter McGuinns (que así se llamaba el pequeño hombre de uno de los pueblos más insignificantes del medio de ninguna parte) se dio cuenta que, por mucho que los planes futuros perteneciesen a los Martin Smith, una vez llegaba el momento de realizarlos (es decir, ese futuro pasaba a convertirse en presente) la autoridad de la familia de los calzoncillos desaparecía.

La ONU entonces decretó, siendo considerada esta como la primera ley universal irrevocable, que la humanidad comenzaría a vivir como si no existiese mañana. Aprovechando cada segundo al máximo y tomando las riendas de su existencia en todo momento.




Dicen que aquel incidente fue el principio de la mejor época de la humanidad.

Sueños.

Hoy he tenido el sueño más raro.

Estabamos en Madrid. Tú y yo. Pero no era Madrid como es ahora. Mi familia también estaba aquí. Como estaba mi familia en casa ibamos a salir a dar un paseo (ellos iban a empezar a jugar a unos juegos como de campamento -no se porqué había toda una montaña debajo de mi casa) y entonces tu me comentabas que ese mismo fin de semana, ese día en concreto, en Roma, iba a haber una charla que te vendría muy bien para la uni.

Entonces yo te decía que nos fuesemos a Roma. Tú me decías que estaba loco y que no podíamos irnos. Yo me iba al cuarto de baño y te decía que te lo pensases. Allí me encontraba con la gente de tú clase. No hablaba con ellos porque yo sabía quienes eran pero ellos no sabían quien era yo. Estaban hablando del viaje a Roma y decían que iban a ir. Al salir tú me comentabas que dependía de la gente de tú clase el que nos fuesemos. Que no sabías si ellos iban a ir y que te parecía una tontería ir hasta Roma si al final resultaba que la charla no era tan importante.

Como yo sabía que los de tu clase iban a ir te proponía esperarte en el aeropuerto hasta que ellos te dijesen algo.

Llegaba allí y aparecía el grupito de la gente de tu clase. A ti no te veía, pero imaginaba que si ellos estaban allí, tú también debías estar (al fin y al cabo ibas a llamarles por telefono para ver si ibamos o no), así que siguiendoles compraba un billete y me montaba en un avión. En mi sueño a Roma no se va directamente, se va haciendo una escala en un lugar sin nombre perdido en el medio de ninguna parte. Cuando llegué allí me di cuenta de que enre el grupito de la gente de tu clase, tú no estabas.

Comenzaba a ponerme nervioso. No sabía que hacer... así que me daba una ducha en el aeropuerto.

Muchas horas después tú aún no habías aparecido por allí y mucho menos habías dado señales de vida. Yo iba ahora en traje de baño (me había dado una ducha en el aeropuerto en traje de baño) así que no tenía el movil ni nada encima. De hecho mi mochila andaba por ahí tirada. Después de encontrarla y en un pequeño momento de pánico buscar como un loco la cartera, me daba cuenta de que no me habían robado. Te llamaba por telefono y tú me contestabas que no ibas a ir a Roma. Que no pensabas que yo lo hubiese dicho en serio y que bueno... ya... pues que fuese yo solo y ya nos veiamos al día siguiente.

Yo te decía que ir a Roma sin ti era un absurdo y que iba a volver a casa.

Cuando estaba contando el dinero para ver si podía volver de ese lugar de mala muerte, dos tipos me hacían la treta (uno me cogía la mochila, yo salía a perseguirle, y entonces el otro me robaba la cartera -que me había dejado) y me robaban la cartera.

Me he despertado atrapado en un aeropuerto en medio de ninguna parte, sin posibilidad de vuelta.


+ + +

Ultimamente sueño cosas un poco jodidas.

Gremlins

Nunca tuvimos mascota en mi casa. Mi hermano y yo siempre quisimos una, y no era que nuestros padres no nos dejasen tenerla, el problema era simplemente económico. Mi padre nos lo dejó bien claro, si íbamos a tener un perro, tanto su adquisición como sus cuidados correrían de nuestras pagas. Por aquel entonces yo tenía nueve años y mi hermano quince, no es que nuestro nivel adquisitivo fuese precisamente grande (al menos no con la paga que recibíamos) y si apenas nos daba para vivir nosotros, mucho menos nos daba para mantener un perro.

Aún así siempre quisimos tener uno. Un perro grande. No nos importaba la raza mientras fuese grande.

Un día mi hermano llegó con una caja a casa. Había encontrado trabajo fregando el suelo en el restaurante del señor Johnson. No le pagaban mucho, de hecho, el trabajo de mi hermano en aquel local era lo más parecido a explotación infantil que he conocido de primera mano. Iba al turno de tarde y limpiaba el suelo y fregaba los platos. Si el restaurante estaba muy lleno a veces tenía que suplir al que estuviese en la caja unos minutos, mover mesas, sacar sillas, cosas así. Era algo así como "el chico para todo". Como ya he dicho apenas le pagaban un misero centavo, pero mi hermano andaba ahorrando para su primer coche (al año siguiente cumpliría los dieciséis) y la promesa de una vida mejor, una vida motorizada, llena de mujeres en el asiento del copiloto que se dejasen sobar las tetas era suficiente estimulo para que aguantase limpiar retretes hasta tarde.

Entre la casa en la que vivíamos entonces y el restaurante del señor Johnson estaba el barrio chino. Todos los días, muy a pesar de mi madre, que seguía considerándolo un lugar peligroso (no se fiaba de los asiáticos), mi hermano debía cruzarlo en su bicicleta dos veces, de camino y de vuelta. Aquel día llovía, una terrible tormenta llevaba sobre nuestro pueblo casi una semana, y no era precisamente agradable o siquiera seguro caminar en bicicleta a las doce de la noche. A pesar de todo mi hermano, al que no le gustaba andar, salió como cada día hacia su trabajo montado en su bicicleta. De camino, mientras cruzaba el barrio chino resbaló. Nunca entendí bien como ni contra que chocó, lo único que me dejó claro mi hermano es que salió despedido varios metros y se quedó inconsciente. Muchas horas después (y sin haber llegado al trabajo ni haber avisado a nadie -era la época anterior a los teléfonos móviles) despertó en un almacén, tumbado sobre una cama y con una toalla caliente en la cabeza. No sabía donde estaba y se asustó mucho al verse rodeado de cajas con letras chinas. El hombre que lo había rescatado, un señor que según mi hermano debía tener casi un millón de años (a mi hermano le gustaba exagerarlo todo) apareció con un té, y pasado el susto inicial ambos hablaron durante mucho tiempo.

Por algún motivo surgió el tema de la mascota, aquello de que tanto él como yo queríamos tener un perro pero que nunca habíamos tenido suficiente dinero para mantenerlo. Mi cumpleaños era al día siguiente y al parecer mi hermano llevaba meses buscando el modo de regalarme alguna mascota. El chino, al ver lo mucho que mi hermano me quería y lo mucho que él deseaba regalarme una mascota le dio la caja. La caja con agujeros que luego trajo mi hermano, la caja que contenía al Gremlin.

Ni él ni yo habíamos visto nunca algo parecido. Era como un hamster. O al menos el equivalente murciélago a un hamster aunque por la forma de las patas delanteras y el hecho de que fuese bípedo tenía casi tanto de mono como de murciélago. Era como si un mono se hubiese follado a un murciélago y el óvulo fecundado lo hubiese parido un hamster o algo parecido. Era una de las cosas más feas que habíamos visto en mi vida. Aún así, el modo en el que se refugiaba asustado en una de las esquinas de la caja resultaba extrañamente adorable.

-Bueno, y... ¿Esto que hace? -le pregunte a mi hermano
-¿Como que "¿que hace?"?
-¿Sabe algún truco?
-No lo se.
-¿Y que come?
-No me lo dijo
-¿Quien?
-El chino. El chino que me lo regaló. No me dijo que comía. Supongo que comerá de todo.
-¿Te dijo algo el chino? Algo que tengamos que tener en cuenta a la hora de criarlo me refiero
-Si... estaba muy pesado con tres normas. Me dijo que debía prometerle cumplirlas si lo que pretendía era cuidar del bicho.
-¿Que te dijo?
-Me dijo que no lo podíamos mojar.
-¿No lo podemos mojar?
-No
-¿Y como vamos a lavarlo?
-No lo se... igual es como un gato y se mantiene limpio el solo.
-¿Los gatos hacen eso?
-Si, claro.
-...
-¡En serio!
-Bueno ¿Que mas te dijo el chino?
-No podemos sacarlo a la calle. Al menos no de día. Y no se si es bueno que le de la luz fuerte en casa.
-¿Por?
-No se... les molesta o les hace daño o algo así... no se... igual es por que tiene algo de murciélago.

Cogí el foco y se lo puse cerca al Gremlin, comenzó a quejarse y mi hermano lo retiró y me dio un capón

-¿¡Que haces imbécil!? ¿No me has oído o que?
-Quería comprobarlo.
-Bueno, pues no vuelvas a hacerlo
-Vale, vale... Bueno, que es lo tercero que te dijo el chino.
-No podemos darle de comer después de medianoche. Me dijo que eso es lo más importante.
-¿Y cuando le volvemos a dar de comer?
-¿Que?
-Te dijo que no podemos darle de comer después de las doce, ¿Cuando podemos volver a darle de comer?
Mi hermano se quedó callado -No me lo ha dicho.

Ambos nos quedamos en silencio mirando al bicho. Sin duda era la mascota más extraña y fea que había visto nunca, pero menos era nada. Por fin había un animal en casa y yo no podía estar más contento, por absurdas que pareciesen las normas debíamos cumplirlas.

+ + +

Una semana después el Gremlin murió de inanición. Fue culpa del chino. Nos dijo que no podíamos darle de comer después de medianoche pero nunca nos dijo cuando podíamos volver a alimentarlo. Mi hermano y yo supusimos que al ser tan raro, tal vez no necesitase comer tanto como un perro o cualquier otro animal... no se porque pensamos eso, pero es que en ninguna enciclopedia vimos nada sobre los Gremlins.

No volvimos a tener una mascota nunca.

Historia corta.

"Siempre sonaba un piano en el piso de arriba. No todo el tiempo claro, pero siempre estaba ahí, sonando, con el sonido alto, limpio, como si estuviese sonando en nuestro salón. Nunca nos preguntamos quien era la persona que tocaba, por ser la casa como era de vieja supongo que siempre creímos que era una persona mayor, además, no podíamos quejarnos de la música, las canciones que tocaban nos encataban siempre... y quien va a quejarse de música en vivo gratis ¿no?

Un día lo dejamos... bueno... eso ya lo sabes, y como ya sabes cuando lo dejamos ella se fue a vivir fuera. Yo me quede con la casa y ella se buscó algo. Era lo más lógico teniendo en cuenta que al fin y al cabo, antes de salir juntos, yo era el inquilino de la casa. Como por aquel entonces tenía un trabajo mejor, y además me apetecía, comencé a vivir solo. Supongo que fue entonces cuando empecé a preguntarme quien era la persona que tocaba el piano. El tiempo que estuvimos juntos nunca tuvimos una oportunidad verdaderamente buena para preguntarlo, cuando sonaban las primeras notas nos pillaban en la cama o viendo una película, y al final, cuando ya no estábamos en la cama y no veíamos películas estábamos demasiado ocupados discutiendo como para preguntárnoslo, así que una vez estuve solo comencé a plantearme quien era la persona del piano.

Me encantaba aquella música. Llegaba del trabajo, me tumbaba en el sofá, cogía un libro y escuchaba el concierto misterioso hasta que terminaba. Y así siguió un tiempo hasta que me pudo la curiosidad y salí en busca del interprete misterioso.

Cuando toqué la puerta me abrió una mujer.

Era lo más bonito que había visto nunca. Una chica rubia de pelo corto y ojos de un azul claro casi blanco. Vestía una camiseta antigua larga y paseaba en braguitas por su casa. Estaba fumando.

-Hola. -dijo

Yo no pude decir nada

-¿Querías algo?
Quería decirle que era preciosa e invitarla a salir, en lugar de aquello, con el nerviosismo propio de un quinceañero idiota me limite a decir -te... te... te... te oigo.... te oigo desde mi casa...

Ella me miró como si tuviese alguna enfermedad.

-Vaya... pues lo siento, pero... podríamos arreglarlo, ya sabes, me das un horario con las horas en las que no vas a estar en casa y...
-No, si no quiero que dejes de tocar
-¿Entonces que haces aquí?
-Pues... no lo se la verdad. Llevo viviendo aquí un montón, y desde que te mudaste he escuchado el piano. Supongo que me preguntaba quien era el que tocaba
-¿El?
-Bueno, ya sabes, él, ella. Tocas realmente bien sabías.

Ella me sonrió, con esa sonrisa tan perfecta que tenía y yo me derretí.

-¿Quieres pasar? -me dijo
-No molesto.
-No, así me tomo un descanso. Nos tomamos algo y ya.
-Vale, gracias.

Entre en su casa y sirvió dos copas. Una hora de conversión después estábamos en la cama. Para cuando terminamos ya estaba perdidamente enamorado de ella.

+ + +

Salimos... no se... entre cinco o seis meses, de sexo intenso, música y risas. Se que apenas fue tiempo lo que estuve con ella, pero sin duda fue la época más feliz de mi vida.

Nunca tuvimos una verdadera despedida. Después de un tiempo volvió tu madre embarazada. Yo no podía dejarla sola... así que me limite a desaparecer. Abandoné mi viejo piso y a la mujer que amaba y me fui a vivir con tu madre a otra casa, más grande, donde poder criar una familia. Donde poder criarnos a nosotros.

Ya no hubo más risas ni hubo más música."

"¿Y porque no te fuiste?"

"Bueno... fue fácil no irse. Solo necesitaba mirarte a los ojos un minuto para recordar que era lo más importante"

3.

(viene de aquí y la primera parte la tenéis aquí)

Cuando recobró el conocimiento John tenía la cara en el asfalto, sobre un charco caliente de un liquidó que confiaba no fuese su propia sangre. No podía moverse y le dolía todo el cuerpo. Con los ojos aún borrosos intentó ver donde se encontraba, frente a él yacía volcado el autobús en llamas. La fría lluvia impactaba en su cara, apenas le quedaban fuerzas para siquiera gritar de dolor cuando de repente lo vio. De detrás del autobús surgió una gran figura, no alcanzaba a distinguirla bien pero parecía un hombre enorme, casi un gigante. Se quedó allí plantado y aunque no era capaz de verle la cara, supo que le estaba mirando, y su mirada lo atravesó como un rayo, como si aquel hombre estuviese mirándole el alma.

Con paso tranquilo se acercó a John y se quedó frente a él. Aún no era capaz de distinguirle los rasgos, era como una enorme sombra que se abalanzaba sobre él:

-Por favor... no me haga daño... -logró balbucear

Sin mediar palabra el hombre le dio una patada. Antes de perder el conocimiento John vio las llamas del autobús por última vez.

+ + +

La chimenea de la habitación ardía con fuerza, no era necesaria en aquella época del año, pero por supuesto, siempre daba un mejor ambiente. Sirvió un par de copas del champan que le había traído el botones un minuto antes, se dio la vuelta y allí estaba, sentada sobre la cama con cara desafiante la chica de sus sueños, la mujer perfecta, María.

-Champan, chimenea... cualquiera diría que sus intenciones no son del todo puras señor Doe -dijo ella mientras cogía su copa.
-Supongo que de ser puras las de cualquiera de los dos no hubiésemos llegado hasta mi habitación ¿no?
-Supongo que no...

Ella dio un sorbo a su copa y lo miró con la mirada más lasciva y cargada de sexo que nadie había lanzado jamás. Cuatro segundos después se arrancaban la ropa como animales y al quinto se comían el uno al otro como si fuesen caníbales. Las paredes vibraban al compás de sus cuerpos desnudos, mientras sudaban y gemían follándose el uno al otro con una pasión que ninguna pareja había alcanzado. El mundo se detuvo en un momento perfecto de puro sexo, era como si nadie, en toda la historia de la humanidad, lo hubiese hecho antes de aquello.

Pasado el momento John se lió un cigarrillo. Cuando lo acabó María le pasó su mechero.

-Gracias -se quedó observando el águila de nuevo, tenía algo que lo fascinaba- oye... ¿De donde has sacado este mechero?
-Bueno -dijo quitándoselo y mirándolo ella- era de mi padre. Me lo dio antes de morir. Me dijo que me sirviese de ancla, que a él le había servido para lo mismo en la guerra.
-¿De ancla?
-Sí, ya sabes, para que esté donde esté nunca olvide de donde he venido. Por lejos que vaya este mechero siempre me recordará eso -esbozó media sonrisa, una sonrisa llena de tristeza- Supongo que mi padre siempre supo que no iba a quedarme allí mucho tiempo y no quiso que me olvidase.
-¿De donde exactamente?
Ella le miró con su triste media sonrisa, le quitó el cigarro -Eso no importa ahora

Los dos se quedaron en silencio mirando el fuego de la chimenea. Ella se acurrucó en su hombro y dio una larga calada

-Eres un buen tipo John -dijo cerrando los ojos- te ocultas bajo esa mascara de perdedor canalla tan de capullo, pero en el fondo eres un buen tipo...

Afuera comenzó a caer la noche. El cielo se cubrió del naranja del atardecer como si ardiese con la misma fuerza que lo hacía la chimenea de su habitación.

+ + +

Un jarro de agua fría le despertó. Tenía los ojos vendados y la boca le sabía a metal. Aún sentía un dolor intenso en todos los músculos de su cuerpo, pero estaba sentado y atado de pies y manos en una silla.

-¿¡Estás despierto gilipollas!? -dijo una voz
-¿Que pasa? ¿Quien eres? ¿Donde estoy?
-Vaya -dijo otra voz- la princesita se ha despertado. Hay que ser muy duro para despertarse después de un accidente semejante, debes de ser una señorita muy dura princesa.
-Pero que dices tío -dijo la primera voz- este es un mierda que no tiene ni media ostia, ¿verdad gilipollas? ¿tengo razón o no? -la mano de su interlocutor abofeteándole suavemente la cara

Sintió un fuerte puñetazo en la cara y calló al suelo.

-¡BAM! -gritó loca de contenta la primera voz- ¡En toda la cara! ¡Lo has visto tío! ¡En toda la puta cara! -rió, su risa sonaba tenebrosa y aguda, como si un montón de ratas estuviesen chillando a la vez.
-¿Quieres ponerle en pie retrasado? El jefe nos matará si entra y ve que le hemos hecho algo. Dijo que no le tocásemos un pelo -dijo la segunda voz.
-Venga tío, estaba de coña, era solo un puñetazo... ¡No te pongas así!
-Ponle derecho o te juro que la siguiente ostia la vas a recibir tú
-Vale, vale... hay que joderse...

John notó como le levantaban.

-¿Donde estoy? -dijo después de escupir sangre- ¿Podéis contestarme al menos a eso?
-Las respuestas llegarán princesita -dijo la segunda voz- no seas impaciente. De momento nosotros vamos a irnos a comer algo, pero te prometo que cuando volvamos llegarán algunas respuestas.
-¿Y vais a dejarme así?
-Por supuesto
-¿No podéis... no podéis quitarme la venda?
-No
-Por favor. No puedo ver nada. No se ni el tamaño de la habitación en la que estamos, ni siquiera se decir si es un sótano o estamos en algún piso. No soy capaz de escuchar la lluvia y de hecho... de hecho si os calláis no se escucha nada.
-No vamos a quitarte al venda. Aún no. No somos nosotros los que debemos quitártela.
-¿Y quien es?
-Ya lo verás -dijo la segunda voz, y rió como si su risa proviniese de lo más profundo de una gruta- Vámonos flaco, vamos a comer algo y luego volvemos
-Perfecto -aquella era de nuevo la primera voz, y de nuevo vino acompañada de unas pequeñas bofetadas en la cara. Aún seguía detrás suyo- luego volveremos a por ti gilipollas -le dijo al oído.

John pudo escuchar como sus pasos se alejaban en la oscuridad. Una puerta que se abría y como ellos se marchaban. Cuando la puerta se cerró el sonido se aisló por completo. Estaba ciego, ciego y sordo, y ni siquiera era capaz de entender del todo como había llegado hasta allí.

continuará...

La mejor parte


Aketza Larreta y Egmont Berg fumaban y bebían cerveza, sentados en lo alto de la colina. A lo lejos, entre los edificios, el sol se ponía, como cada tarde, tiñendo el cielo de naranja.

-Tio, ¿Crees que veremos hoy el rayo? -dijo Egmont mientras daba una calada al porro.
-¿Que rayo?
-El rayo verde.
-¿Que rayo verde?
-¿Como que qué rayo verde? El rayo verde tio
-Vale -dijo quitándole el porro- ¿Que cojones es el rayo verde?
-Es el rayo que dicen que sale cuando el sol termina de ponerse en el horizonte.
-¿Un rayo?
-Algo así. No se... yo no lo he visto nunca, pero dicen que es como una linea verde que sube al cielo o algo parecido.
-¿Es otra de tus mierdas alemanas?
-¿Que mierdas Alemanas? -dijo Egmont mientras comenzaba a buscar algo.
-Yo que se, esas cosas raras que hacéis en tu casa a veces.
-¿De que hablas?
-Ya sabes... esas cosas...
-No se de que me hablas... ¿Tio donde coño está la cerveza?
-Aquí -dijo Aketza dándole la botella- bueno, ¿Es una de esas cosas?
-Que va a ser tio. Eso es conocimiento popular.
-¿Y tú lo has visto?
-No tio.
-¿Entonces?
-¿Entonces que?
-Entonces como coño sabes que existe.
-Tio... ¿tú has visto la gravedad?
-No
-Pero sabes que existe
-Si.
-Pues eso.

El vasco dio otra calada al porro.

-Vaya una mierda de ejemplo tio -dijo tajante.

En ese momento a ellos se aproximó el tercer amigo al que llevaban esperando casi una hora. Mikel. Subía la colina hasta el banco sonriendo, feliz y pletórico como si estuviese en una nube. Ninguno de los dos amigos estaba lo suficientemente sobrio como para afirmarlo con certeza, pero hubiesen jurado que sus pies no tocaban el suelo.

-Que pasa chicas -dijo cunado llegó -¿Qué hacéis aquí tan solas?
-Estamos esperando al rayo verde -se limitó a decir Aketza.
-Mira que eres gilipollas a veces Aketza.
-Pero que cojones dices ahora, si es lo que estamos haciendo ¿no?
-Vete a tomar por culo tio, en serio.
-Haya paz chavales -dijo Mikel cortándoles mientras le cogía la cerveza a Egmont- la vida es demasiado bonita para que os pongáis a insultaros como idiotas.

Los otros dos se miraron y comenzaron a reír.

-No os riáis cabrones, que sabéis que tengo razón.
-Oye, ¿Se puede saber porque estás tan contento? -dijo Egmont
-Bueno... acabo de estar con esta.
-¿Y? Eso no es nuevo.
-No. Pero me he dado cuenta de que la quiero.
-¿Que la quieres? -dijo Aketza- Pero si apenas lleváis nada saliendo.
-Y que tio... esas cosas se saben así de rápido.
-Y tu la quieres.
-Si.
-¿Y ella a ti?
-También.
-¿Se lo has dicho y ella te ha dicho que ella también?
-Exactamente eso es lo que ha pasado.
-Joder.
Mikel cogió el porro -Vaya... no es la reacción que esperaba. Confiaba en que al menos fingieras alegría Aketza.
-Es que qué va a saber él, si el unico amor que ha conocido es el que tiene por su mano derecha.
-Egmont, sigue con comentarios como ese y te vas a ganar una ostia.
-Dirás que miento.

Hubo un silencio y los tres amigos siguieron bebiendo y fumando.

-¿Sabéis cual es la mejor parte? -dijo de pronto Mikel.
-¿De que?
-De esto... de salir con alguien y eso.
-Sorpréndeme -dijo Aketza.
-Saber que está ahí. Saber que aunque no estes con ella, en algún lugar, entre las seis mil millones de personas de este planeta, hay una para la que los dias empiezan y terminan contigo. Incluso aunque no os veais, incluso aunque haya un millon de kilometros de distancia. Lo mejor de estar enamorado es darte cuenta de que, por fin, has dejado de estar solo. Y que ese sentimiento lo está teniendo otra persona contigo.

De nuevo reinó el silencio.

Poco después el sol se puso, y un segundo antes de hacerlo, los tres amigos vieron por primera vez el rayo verde

2.

(viene de aquí)

En el mechero había dibujado un águila con un casco militar. Era "aquel" mechero.

+ + +

Tumbado bajo una sombrilla de paja John leía un libro. Tras el chapuzón en la piscina no tenía demasiadas ganas de ponerse bajo el abrasador sol. Después de terminar un capítulo colocó su marca y lo dejó aparte. Empezó a hacerse un cigarrillo mientras observaba a la gente de la piscina.

Un gordo con pinta de millonario caminaba del brazo de dos voluptuosas chicas de tetas operadas que le reían todos los comentarios. Algo más allá, Paolo, el camarero del bar, un italiano que solo estaba allí para conseguir suficiente dinero para poder continuar su viaje (John no era capaz de recordar de donde venía o a donde iba, solo que estaba de viaje) ligaba con una atractiva cuarentona con pinta de adinerada, que ataviada con un gran sombrero y un pareo, tomaba un mojito en la barra del bar.

En la piscina infantil un grupo de niños jugaba a "Marco Polo". Un par de ellos (los que tenían más pinta de bicho) saboteaban el juego a base de aguadillas al personal. En la piscina grande un grupo de señoras nadaba a braza, intentando no mojarse los pelos, evidentemente arreglados en la peluquería del hotel tan solo un par de horas antes.

John terminó de liarse el cigarrillo y dio un trago a su cerveza. Después comenzó a buscar la caja de cerillas que había cogido antes de salir. Desde detrás apareció un brazo con un "zippo". En su metálica superficie había sido rasgado el dibujo de un águila con un casco militar. John cogió el mechero y se encendió el cigarrillo. Después miró la otra parte, allí solo había escrita, inscrito en el pequeño hueco color plata, una frase:

"A tu espalda"

Se dio la vuelta. A su lado, de pie, estaba María, la recepcionista. Llevaba una toalla en la mano

-No esperaba que vinieses -dijo sonriendo.
-No esperaba venir
-¿Y que ha hecho que cambies de idea?
-Que necesito relajarme -dijo mientras colocaba la toalla a su lado.

Comenzó a quitarse la ropa. Bajo el uniforme llevaba un bikini. John se quedó embobado mirando su perfecto cuerpo. Ella le devolvió la mirada sonriendo

-No me mires así.
-¿Así como?
-Como si nunca hubieses visto una mujer en tu vida.
-Será que no he visto una mujer tan guapa nunca.
-Que idiota... -dijo al tiempo que le robaba el cigarrillo de la boca y se sentaba a su lado- ¿Esas frases se te ocurren a ti solo o te las escriben?
-Me has descubierto. Tengo un par de guionistas en la habitación que me van soplando los diálogos por un pinganillo
-¿En serio? Pues tal vez debería tumbarme a tomar el sol con ellos...
-Tal vez...
-Tal vez deberíamos subir a la habitación... -su tono había bajado y ella se había acercado- ya sabes... para que me los presentes y eso...
John recuperó su cigarro -¿Y ese repentino cambio de actitud?
-Bueno... te he dicho que necesitaba relajarme ¿no?

+ + +

El autobús tomó una curva demasiado cerrada y su cabeza chocó con la ventanilla devolviendole a la realidad.

-Perdona, ¿De donde has sacado... ? -dijo dándose la vuelta.

La viuda ya no estaba en el interior del autobús. John no era capaz de entender nada de lo que estaba pasando y las preguntas comenzaron a abalanzarse sobre él como el torrente de un rio; ¿Donde estaba? ¿Por qué no era capaz de recordar como había llegado allí? ¿Por qué no parecía haber nadie en la calle? ¿Quien era toda aquella gente? ¿Como había llegado el mechero allí?

Comenzó a ponerse nervioso. Se levantó del asiento sin saber muy bien a donde ir.

-¡Ey! ¿Qué está haciendo? ¿Quiere hacer el favor de sentarse? -dijo el conductor.
-¡Cállese! -le gritó- ¡Cállese y pare el autobús! ¡Voy a bajarme de aquí!
-Lo siento amigo, pero eso no es posible. El autobús solo para cuando llegamos a la siguiente parada...
-¿Que mierda significa eso? ¡Pise el freno joder!
-No es tan sencillo. Entienda que cuando uno se decide a subir, cuando uno toma la decisión de comenzar su viaje, no es tan fácil bajarse. No se puede ir eligiendo cuando parar las cosas... así no funciona, ¡Desde luego que no! Un viaje dura lo que debe durar... y si se decide ralizar, si uno decide comenzar a caminar... debería ser capaz de terminarlo ¿No cree? Ya sea para bien o para mal no nos corresponde a nosotros decidir cuando está bien bajarnos.
Caminó hasta el conductor -Pero se puede saber de que está hablando, ¡porque narices no se limita a pisar el maldito...! -apartó al conductor de un empujón- ... freno...

Horrorizado vio como allí no había ningún pedal.

-Ve lo que le decía.

Las gafas del conductor se le habían comenzado a caer, bajo ellas no había ojos, solo un par de cuencas vacías y negras que le devolvieron la mirada. John entró en pánico y calló al suelo.

-No tiene... no tiene ojos...
-Claro que no -dijo sonriendo el anciano
-Y entonces... ¿Como sabe a donde vamos?
-Por favor, mi trabajo se limita solo a conducir el autobús. Yo no decido a donde va.

Se levantó del suelo, no sabía a donde ir. Comenzó a correr nervioso de un lado al otro del autobús, que cada vez iba más rápido y descontrolado. De pronto un brazo salió de entre los asientos y le detuvo. Era el gigante calvo. Sus diminutos ojos azules eran como dos canicas en medio de su inmensa cara.

-Relájese y siéntese por favor.
-Hágale caso -dijo el niño desde la otra punta del autobús- Entrando en pánico tampoco es que vaya a solucionar nada ¿no cree?.

John Doe se quedó mirando a los dos personajes como si estuviesen locos. ¿Como podían estar tan tranquilos?. Notó el mechero aún en su mano y le echó un último vistazo. Le dió la vuelta y contemplo la inscripción. Había cambiado. Ahora era la otra frase que había grabada:

"A tu izquierda"

Se giró, una fuerte luz, acompañada de un bocinazo que ensordeció el repiqueteo de la lluvia y el ruido del motor viejo del autobús, se acercaba hacia ellos.

-Parece que hemos llegado a la siguiente parada... -dijo el viejo.

1.

John caminaba bajo la lluvia sin paraguas. Las gotas comenzaban a recorrerle la mejilla y descendían por su cuello, colándose entre su gabardina. Sus agujereados zapatos por los que se filtraba el agua de cada charco que pisaba, parecían un par de peceras y los calcetines que forraban sus pies eran como esponjas frías que derramaban helado liquido a cada paso.

Después de atravesar el parque consiguió alcanzar un edificio y se metió bajo los pequeños huecos que había, aún se mojaba, pero al menos ahí no estaba bajo la ducha natural por la que había caminado el último kilómetro.

Sacó su paquete de cigarrillos y sacó uno, el que menos mojado estaba. Después se metió la mano en el bolsillo en busca de las cerillas. Las sacó y comprobó lo que se temía, estaban caladas, se había convertido en un trasto inútil, treinta palos de madera con la punta roja que, al menos durante un par de días no volverían a encenderse.

Antes de guardárselas en el bolsillo echó una última mirada a la inscripción del hotel que decoraba la caja.

+ + +

Cuatro días antes descendía en un ascensor camino a la piscina del hotel. Llevaba puestas sus gafas de sol, unas sandalias, su traje de baño y una camisa con estampados de flores. Salió sonriendo, soberbio, con la toalla colgando de su hombro y un libro en la mano.

Caminó hasta la recepción y se detuvo a saludar a la recepcionista, María, una chica de apenas 21 años, morena de ojos verdes y con una sonrisa de dientes perfectos capaz de enamorar a cualquier hombre.

-Hola preciosa
-Hola señor Doe -dijo ella sin levantar la vista.
-¿Quieres venir a la piscina conmigo?
Ella le miró sonriendo -No gracias. No podría aunque quisiese
-Bueno... ¿y cuando podrías?
-Si quisiese ir a la piscina podría ir al terminar mi turno, dentro de un par de horas.
-Puedo esperarte allí.
-He dicho solo "si quisiese". No sea tan ingenuo para creer que quiero ir- Todo aquello lo dijo sin dejar de sonreír. Era imposible enfadarse con aquella sonrisa.

Unos clientes se acercaron al mostrador y ella comenzó a atenderles. Él la miró sonriendo, y mientras María lo miraba de reojo cogió una cajetilla de cerillas, se la metió en el bolsillo y se despidió con la mano.

+ + +

No paraba de llover y no parecía haber nadie a esas horas de la noche por aquella calle. Justo cuando estaba a punto de guardar su cigarrillo se escuchó el ruido de un motor. Aparentemente de la nada apareció un autobús amarillo de dos pisos, se detuvo frente a él y las puertas se abrieron.

Tardó un par de segundos en reaccionar. El autobús estaba allí, quieto, con las luces encendidas y las puertas abiertas. Se soltó un poco el nudo de su negra corbata y temeroso se acercó hasta él. Cuando llegó a la puerta observó al conductor, un hombre viejo y jorobado que llevaba unas enormes gafas de sol a pesar de la lluvia. Lo miró sonriente.

-Disculpe -comenzó a decir él- ¿A donde va este autobús?
-Eso depende -contestó el conductor. A pesar de que su voz sonaba aguda y vieja, su tono parecía tener una extraña vitalidad -¿A donde va usted?
-Bueno... -respondió dudando un segundo -Lo cierto es que no lo se.
-¿No lo sabe?
-No... Ni siquiera se bien donde estoy.
-Diantres... eso si que es algo extraño. No digo que la gente no sepa a donde va, eso es una duda común. Pero al menos normalmente saben donde están.
-¿Podría decirme usted donde estoy?
El viejo le sonrió mostrando sus pútridos dientes -Podría... claro... pero eso no solucionaría nada ¿verdad? Uno debe darse cuenta de donde se encuentra por si mismo. Al menos si tiene la intención de continuar avanzando. ¿No cree?

Cogió el cigarrillo que aún mantenía en la boca. No era capaz de entender nada de lo que estaba pasando.

-Bueno... no se quede ahí a la intemperie. Vamos. Tome asiento y relájese. Tal vez descubra donde está por el camino.

Las puertas se cerraron tras de si cuando entró y el autobús amarillo arrancó con el sonido de un motor viejo. Se asomó por el pasillo, sentados en diferentes asientos había solo tres personas. Una señora vestida de luto, un gigantesco hombre calvo que apenas cabía en su asiento y un niño. Caminó hasta uno de los asientos libres y se sentó.

Lanzó una ultima mirada a sus acompañantes. Solo el niño, sonriendo, le saludó con la mano.

El autobús volaba a través de los edificios a toda velocidad. John Doe, sentado en aquel extraño autobús doble se acurrucó en su gabardina y comenzó a mirar por la ventana. La ciudad parecía desierta. Sacó el mojado paquete de cigarrillos con la intención de guardar el que tenía en la mano. Antes de que pudiese hacer nada una mano delgada le extendió un mechero encendido.

Era la viuda. Ni siquiera se había dado cuenta de como había llegado hasta allí.

-Vaya... esto... gracias...

Se encendió el cigarrillo con una larga calada. La fina mano de la viuda cerró el encendedor y se lo extendió.

-Quédeselo... -dijo casi en un susurro.
-¿De verdad? Pues... supongo que gracias otra vez...

John se quedó observando la inscripción del mechero. Lo había visto antes.


Continuará....

Una historia de dolor, desesperacion y amor.

-Se acabó.
-El qué se acabó
-Esto... nosotros.
-¿Que?

Nadie en la cafetería parecía percatarse de lo que estaba ocurriendo. Ella acababa de levantarse, le acababa de arrancar el corazón del pecho y ahora lo sonreía como si se tratase del mismísimo diablo. Aún podía ver como latía en vano con los únicos resquicios de vida que le quedaban.

-Esto no está funcionando...
-¿El que no está funcionando?
-Esto... nosotros. No funcionamos...
-Así sin mas
-¿Como que así sin mas? Esto no es nuevo

¿Porque nadie hacía nada para detenerla? ¿Porque los camareros seguían atendiendo a las mesas como si nada? ¿Porque la gente no parecía estar viéndolo? ¿Es que acaso se habían vuelto invisibles? El estomagó se le hizo un nudo, de pronto apenas podía respirar, ya no le quedaba mucho tiempo de vida y a nadie parecía importarle. Se sentía atrapado en una comedia romántica.

-¿Hay otro? -dijo al rato, intentando que ella no notase su dolor en el temblor de su voz.
-No, eso no...
-Entonces ¿Porque?
Ella se mordió el labio inferior antes de hablar -Dios... no puedo creer que no te dieses cuenta... No dejamos de discutir... ya no nos divertimos... se ha ido...
-¿El que se ha ido?
-Lo que teníamos... no se... se ha ido...

Agonizante se desplomó sobre la mesa. Con mirada lasciva ella chupó su corazón y de su frente y su trasero brotaron cuernos y una cola como las de un demonio. Soltó una estremecedora carcajada al tiempo que de sus pies brotaban llamas. Un camarero atendió a la mesa tres donde una pareja de niños jugaban con los azucarillos, dos mesas mas allá una pareja de enamorados bebía del mismo batido mientras se miraban a los ojos. En la mesa siete un grupo de universitarios contaba chistes misóginos en alto. Él era capaz de escuchar sus estridentes y estúpidas risas. Podía oír el tintineo de las cucharas contra las tazas de café, los sonidos de la cocina, la música sonando al fondo... ¿Porque ellos no eran capaces de verle a él y en lo que su novia se había convertido? ¿Que narices pasaba con ellos?

-Creo que será mejor que me vaya... -dijo al no encontrar respuesta.

Después se levantó y se marchó. Y así, tan repentinamente como llegó a su vida, su morena melena y sus ojos color avellana desaparecieron sin dejar rastro.

+ + +

Un mes después se despertó en su sofá. La cabeza le ardía como el horno de una acería, tenía el estomago al revés y unas fuertes nauseas. Intentando no vomitar la pizza que había comido el día anterior se incorporó, se rascó su mugrienta barba y se encendió un cigarro.

Tras una larga calada decidió levantarse. Aún llevaba el mismo mugriento chandal que le había acompañado durante los cuatro días anteriores. Sin pensar en una ducha o en cualquier otra cosa relacionada con su higiene personal llegó a la cocina. No había café... tampoco le quedaba leche. Después de cinco minutos reflexionando frente al frigorífico sacó una cerveza.

"Combatir el fuego con el fuego" pensó.

Caminó hasta la pequeña terraza (por no llamarla cornisa vallada) y se asomó. El sol brillaba y los pájaros cantaban, y tres pisos mas abajo seis mil millones de seres humanos continuaban con sus vidas como si tal cosa. Escuchaba los coches y los atascos, un par de vecinas que se despedían a gritos, un hombre que saludaba a otro al otro lado de la calle. La gente continuaba realizando las mismas cosas día tras días. El mundo no se había detenido mas allá de los muros de su piso.

Desesperado se dejó caer derrotado en el sofá. Apagó el cigarrillo, apuró la cerveza, y en la misma posición en la que llevaba los últimos cinco días volvió a quedarse dormido.

-Tal vez mañana...

+ + +

Un año después se encontraba en la puerta de una discoteca haciendo cola. Sus amigos, hartos de verle así, le habían obligado a arreglarse y le habían arrastrado de la oreja, metaforicamente hablando, hasta aquel lugar.

Aún no se sentía cómodo fuera de casa. El mundo le parecía frio, amenazador y que viajaba mucho mas lento de lo que lo había hecho nunca. Sentía que era el único de captar esa anomalía en el universo, esa ralentizacion repentina de los tempos del planeta. Los de mas continuaban teniendo sus insulsas conversaciones, riéndose de aquellas bromas sin gracia, manteniendo aquellas charadas con el resto de seres humanos y fingiendo que entre si se importaban una mierda. Hastiado de aquel lugar, de su situación y de si mismo se encendió un cigarro. No quería estar ahí, pero ya que estaba ¿porque no echarse un cigarrillo?

-¿Me das uno?

Levantó la vista y allí estaba. Su melena rubia brillaba como un sol, sus labios, carnosos y del rojo mas apasionado brillaban como dos rubíes y sus ojos, azules como el cielo mas claro le miraban penetrándole. Caminaba al mismo paso que él y el tiempo no parecía afectarla a ella tampoco. En lo mas profundo de su cavidad torácica, en medio de la oscuridad, se escuchó un latido.

-Perdona ¿que? -dijo cuando fue capaz de articular palabra
-¿Que si me das un cigarrillo por favor?
-Claro -dijo sonriendo como un idiota.

Se encendió el cigarrillo, apenas lo sujetaba con los labios, simplemente lo dejaba reposar. Los latidos se sucedían, recordaban al motor de una locomotora al arrancar.

-Gracias

Se dio la vuelta para marcharse, era su turno de entrar.

-¡Espera! ¿Como te llamas?
-Lyla, como la canción. ¿Y tu eres?
-Hank...
-Pues nos vemos dentro Hank. -dijo, y su melena rubia desapareció por las escaleras.




En su interior sonaban tambores y fuegos artificales al tiempo que fuera la humanidad, el planeta y todo el universo, recobraban su velocidad habitual. Todo iba bien...

Un buen final

De momento solo se como termina.

Un chico y una chica, los dos van arreglados, el va de traje. Tienen ambos la ropa destrozada, el va despeinado y ella tiene el maquillaje como si le hubiese pintado su abuela la que tiene parkinson. Se miran y sonrien. Los amigos de ambos les dicen cosas pero la musica ha empezado a sonar y ya no son capaces de escucharles. Se acercan y se dan la mano. No se besan, no hace falta que lo hagan porque a estas alturas ya lo han hecho.

Entonces salen del local. Es demasiado temprano para el resto del mundo pero el sol, al fondo de la gran calle vacia,comienza a asomar entre los rascacielos. Los dos caminan hasta el medio de la calle vacia y de nuevo se miran y sonrien. Aqui puede que se den un beso. Despues comienzan a andar.

Sin embargo a la vuelta de la esquina aparece alguien. El malo. Sabemos que es el malo porque a estas alturas todo deberia haber terminado con él. Va herido, una herida supuestamente mortal que nuestro protagonista le hizo en un anterior encuentro. La cara de ambos cambia al panico, la camara se ralentiza y el tipo, el que acaba de aparecer saca una pistola y los apunta con ella. Se crea un revuelo y nuestros protagonistas tratan de huir a camara lenta. Del local salen los amigos de ambos. La pistola dispara escupitajos de fuego y los dos amantes caen en la carretera. El asesino camina hasta ellos y derrepente le estalla la cara. Uno de los amigos acaba de dispararle.

Desde un plano cenital la camara se aleja dejando los tres cuerpos en el suelo.

El tema que lleva toda la escena sonando sigue.

Y es este concretamente:



(algun dia tendré el resto de la historia)

Amanaceres

Recuerdo que nos encantaba salir de fiesta. Pero recuerdo que si habia algo que me gustaba mas que salir de fiesta era que la mañana siguiente nos alcancase. Esas horas en verano, entre las seis y media y las nueve de la mañana, eran las mejores horas de nuestra vida.

Cuando el mundo se habia ido a casa a dormir y solo quedabamos los mejores, cuando el mundo pasaba a ser nuestro.

Recuerdo los amanaeceres en la playa. Recuerdo bañarnos desnudos y desayunar con los primeros rayos de sol. Caminar por las tranquilas calles vacias, como dioses en sus templos de asfalto.

Era grandioso.

Es una pena que ya no hagamos esas cosas.



(suena a amanecer de fiesta y la historia, como la cancion, bien podria ser un padre contandoselo a su hijo)

Una historia sobre nada en particular


Hacía un calor infernal aquel verano.

Maite, desde el suelo, miraba al techo de su habitación.

Le gustaba estar ahí. Mirando a la blanca superficie, impoluta a pesar del paso de los años. Le ayudaba a desconectar, a no pensar en nada.

Mientras ella miraba al techo su hermana pequeña, Nerea, caminaba por el pasillo correteando de un lado a otro. Apenas había aprendido a andar y ya parecía una profesional. No paraba quieta. Se dedicaba a ir de un lado a otro del pequeño apartamente en el que vivian ellas dos con su madre. De su padre hacía años que no sabían nada. Practicamente los mismos que tenía su hermana. Maite suponía que no había soportado la presion.

Desde entonces las cosas no habían vuelto a ser igual. Su madre no era capaz de mantener un trabajo (había sido toda su vida ama de casa, no sabía hacer otra cosa) y para conservar a su hija mantenia a perdedores bajo su techo. Perdedores que la trataban como la basura pero que al menos pagaban las facturas durante los meses que tardaban en cansarse de las niñas y de follarse a una perdedora de 45 años. El último las había dejado un par de semanas antes, ahora, mientras su madre trataba, sin demasiado exito y sin poner demasiado empeño, de buscar un empleo, Maite se hacía cargo de su hermana.

La puerta de su habitación se abrió y timidamente la pequeña Nerea entró. Aún no tenia demasiado equilibrio y antes de llegar hasta ella se calló al suelo. Gateo y llegó hasta su cara. Comenzó a jugar con la cara de su hermana. Ella le sonrio y la pequeña le devolvió la sonrisa.

Despues las dos comenzaron a jugar.

Ya se ocuparían de sus problemas mas tarde.

Invaders must die (texto incendiario 01)

Ha llegado la hora

Es el dia.

Apago el despertador, duchita rapida y me visto. Tomo un café en mi vacia cocina y voy hasta el garaje. Allí está ella, mi fiel compañera, mi amante secreta. Mi vieja escopeta.

La ranchera va como la seda. Rodamos juntos por la oscuridad como ladrones en la noche, a escasos 200 metros del punto de encuentro, en la espesura del pantano, apago las luces. Es mejor que los vecinos no nos descubran. Nadie debe saber lo que estamos haciendo, cumplimos la palabra del señor.

Comienzo a ver a mis compañeros. Nos movemos como espiritus, sabiendo que estamos a punto de hacer algo grande. Se escucha el rumor de las voces nerviosas de los nuevos y la felicidad impaciente de los veteranos que, como yo, llevamos esperando años este dia.

Cuando llegamos al claro nos recibe un par de cruces en llamas. Es lo mas bonito que he visto en toda mi vida. Algo se encoje dentro de mi y me dice que ahi es donde tengo que estar, junto a mis compañeros y mis hermanos. Junto a los blancos.

Se ha abierto la veda, y esta temporada la caza principal son los invasores. Chinos, hispanos, negros... no vamos a dejar a ninguno. Estamos preparados para esto. Para limpiar nuestro gran pais.

Es el dia.

Ha llegado la hora.

+ + +

(Antes de meteros con mi madre, llamarme racista -cosa que no soy por cierto- y esas mierdas deciros que con esto simplemente me apetecia perturbaros un poco. Si habeis tenido ganas de insultarme he conseguido mi objetivo. Ahora pasad un buen fin de semana cabronazos)

136-Dos sobres.

El fuerte viento dandole en la cara lo liberaba. Miró hacia abajo, a casi 50 metros estaba una calle llena de gente. Sonrió, hacía tiempo que no se sentía tan vivo.

-Oye, bajate de ahí ya, que me estas poniendo nervioso -dijo Diego, su mejor amigo.
El se dio la vuelta sin dejar de sonreir -si, claro... solo espera un poco.

Se metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó dos sobres, uno blanco y otro azul.

-Diego... eres mi mejor amigo -comenzó a decir
-Lo se. Tú ya sabes que eres el mio.
-Por eso quiero que hagas algo por mi.
-Lo que sea.
-En estos dos sobres hay dos cartas. Quiero que el sobre blanco se lo des a mis padres. No lo leas. Solo daselo. Y el azul quiero que lo leas cuando estes "con estos" -"estos" era en referncia a su cuadrilla- No se si en alto o no, pero leela entonces.
-Venga, no digas chorradas tio, se lo puedes dar tu. -respondió nervioso Diego.
Sin contestar solo le sonrió, le tiró los sobres y dijo -Adios Diego.

Despues saltó. En contra de lo que cree mucha gente lo mas probable es que cuando uno cae desde un edificio permanezca vivo toda la caida. Y eso fue lo que le pasó. Justo antes de morir se dió cuenta de que aquel era el momento en el que se habia sentido mas vivo de toda su vida.

+ + +

Diego llamó a la puerta de la casa de los padres de su amigo. No sabía que decir, no sabía si tenía derecho a decir nada. Él estaba en la azotea cuando todo ocurrió, y sin embargo no pudo detenerle. Abrió la hermana de su amigo.

-Tienes mucha cara viniendo aqui, lo sabes no? -dijo
-Me dejas pasar Nahia, por favor.
-Que quieres?
-Tengo que darles algo a tus padres.
-Dudo que quieran verte despues de lo que hiciste
-¿Lo que hice?
-No lo salvaste, estabas alli y no lo salvaste.

Hubo un silencio incomodo. Por el hueco que quedaba entre Nahia y el borde de la puerta pudo ver el salon, donde su madre que lloraba desconsolada trataba de ser calmada por el padre de su amigo. Diego sacó el sobre.

-Daselo tú quieres. Es de tu hermano, me lo dió antes de saltar.
-Que hay?
-No me lo dijo. Me pidió que no lo leyese.

Nahia dudo un segundo si coger aquello o no. Finalmente lo cogió y entró dentro de casa.

+ + +

Estaban en el bar de siempre tomandose unas cañas. Habia pasado ya un mes desde el incidente y todos parecían haberlo superado. Diego apenas se sentia comodo con ellos, su mejor amigo habia muerto delante de sus ojos y a nadie parecía importarle.

Se tocó el bolsillo y encontró el sobre. Aún no había tenido valor de leerlo. Decidió darle una oportunidad.

"Diego:

Supongo que si me has hecho caso estás leyendo esto delante de esta gente. Conociendote supongo que habras tardado un par de semanas, tal vez más en hacerlo. Y conociendoles a ellos, para este momento ya deben de haberse olvidado como me llamaba.

Curioso e? Pasas toda una vida rodeado de gente y al final, incluso despues de lo que pasó, a nadie le da la sensación de que le importas...

Por eso queria darte esta carta a ti y solo a ti. Eres el unico de todos al que verdaderamente puedo llamar amigo. Eres, junto con mis padres y mi hermana, lo unico que me ha mantenido cuerdo durante todos estos años. Por desgracia, si estas leyendo esto, es que eso no ha sido suficiente. El mundo es un lugar asqueroso y supongo que si al final has leido esto es que me ha vencido. O que he dejado que me venza... no lo se. Sabes que las cosas no estaban bien. Sabes que nunca me repuse de lo de esta. Sabes que sigo sin pegar un palo al agua, que sigo igual que cuando tenia doce años, en el mismo punto.

Je... toda la vida riendome de los ninis y al final resulta que yo soy el mayor de todos ellos.

Si estas leyendo esto es que no he sabido como solucionarlo y al final he reunido suficiente valor como para ponerle alguna clase de final a todo esto. Ironicamente he reunido suficiente valor para hacer lo mas cobarde y rastrero que he hecho en toda mi vida.

Tio... eres como mi hermano, y haya o no vida despues de la muerte siempre lo serás. No te preocupes, se que al final lo terminarás superando.

Tu mejor amigo.
P.D: Por si te sigues preguntando que coño ha sido lo que me ha dado valor para hacerlo levanta la cabeza. Mirales. Basura insensible todos ellos. Ander... toda la vida juntos y al final terminó robandome casi 3000€ un dia que estuvo en mi casa, Javi, otro con el que llevamos toda la vida, fue el que dio el chivatazo a la policia de que guardabamos plantas de hierba en la lonja. Alex, Josu y Dani... bueno, digamos que hace poco me enteré que se estuvieron zumbando a esta todas las semanas mas o menos a partir del mes que empezasemos a salir. No me habia enterado porque una de las ultimas veces fueron los tres juntos, y la unica diferencia entre aquello y una violacion es que ella estaba tan borracha que les dio "permiso".... Podria seguir asi con todos ellos pero solo seria dar vueltas a lo mismo. Si esta clase de basura eran "nuestros amigos" no quiero ni imaginarme lo poco que merece la pena el mundo. Se supone que esta gente son como nuestros hermanos... y la verdad, era o matarlos a todos ellos o hacer lo que he hecho.
Largate mientras puedas. No dejes que te llenen de mierda nunca tio."
Diego terminó de leer la carta llorando. Despues lleno de rabia se levantó cogió un botellin de cerveza y se lo romìó a Alex en la cara. Con el cristal restante corto la cara de Josu y de Dani ante los atonitos ojos del resto. Despues salió de alli cagando leches. Cruzó la calle y cuando llegó a un callejon se encendió un pitillo llorando de rabia.
+ + +
En su casa su madre vio el sobre. Tampoco había tenido valor de leerlo, aun seguia con el nudo en el estomago. Al final lo cogió y lo abrió.
"Mamá:
Se que estás leyendo esto sola. Imagino que serás la mas afectada de todos. Se que no entiendes lo que pasó. Se que me educasteis para que fuese mas fuerte que esto... pero no he podido serlo. Lo siento. De verdad.
No odies a Diego por lo que pasó, el nunca fue capaz de hacer nada. Y ademas, junto con vosotros, fue la unica cosa que hubo buena en mi vida.

Te quiero y siempre os querre a todos. Diselo por favor.
Tu hijo"
Sola en el salon como estaba estalló en lagrimas.

120-La clase de historia que nadie se cree

El tipo era amigo mio. No un gran amigo mio, mas bien un compañero de bebida, todos tenemos esa clase de amigo. Ese colega inseparable con el que salir de fiesta al que nunca le contaras tus mierdas del mismo modo que el no te las contará a ti. Ese tio con el que quedas, bebes, ries y charlas de musica, futbol y, si la situacion se presta, aventuras sexuales, nunca nada que haya pasado de dos polvos consecutivos. Eso seria demasiado serio.

Nos reuniamos en un antro que hacia esquina cerca del sitio en el que estaba trabajando por aquel entonces. Era uno de esos garitos con rollo irlandes solo que mas sucio. Normalmente esos sitios suelen estar llenos de pijos bebiendo cervezas caras, este de cervezas caras solo tenia los cascos de las botellas alrededor de la barra y un par de letreros luminosos. Por lo de mas todo era mugre por todas partes y uno de los camareros mas cerdos que he visto en mi vida. Ademas, hacia tiempo que habiamos dejado la cerveza y bebiamos solo whisky por aquel entonces y, como solo bebiamos en aquel antro, solo bebiamos meado de borracho con sabor a whisky. Me encantaba ese sitio.

El tema es que un dia llegue (nunca quedabamos, simplemente nos dejabamos caer por ahi, el otro no tardaba en aparecer, era una de las cosas que me gustaban de nuestra amistad) y el tipo estaba sentado en la barra con cara de que se le hubiese muerto el perro o algo parecido. Y entonces me contó la historia, que es una de esas historias que pasan a la historia, por patetica y absurda.

Resulto que este tipo, mi amigo, habia ido a un bar a beber. Fue con unos amigos del trabajo y no era un sitio como aquel en el que bebiamos nosotros. Era un sitio moderno, de esos con musica de tienda de ropa para chonis. Un sitio lleno de neones, mesas hergonomicas y sillas raras, ya sabeis de los sitios que os hablo. Alli conocio a una tia. Segun mi amigo era una de las tias mas increibles a las que habia visto en mi vida y sorprendentemente todo fue de puta madre con ella. Parecia receptiva, golfa y con sentido del humor, ademas bebia como un puñetero irlandes. Vamos, la clase de tia que nos la ponia dura por aquel entonces.

Despues de hablar un rato decidieron ir hasta la casa de mi amigo, ya sabeis, a follarse un rato y esa mierda. La tia parecia saber de sexo mas que una actriz porno asi que cuando le dijo a mi amigo que solo le follaria si le dejaba hacer cualquier cosa este accedio sin problemas. Supongo que asi terminó atado a su cama con unas esposas. Hasta ahi la historia era mas o menos normal. Luego ya me contó la parte de las bolas chinas y de como, sin previo aviso se las metio por el culo a mi amigo. Despues de follarse un rato la chica lo dejó ahi atado, ahi, en su cama, en pelotas y con unas bolas chinas metidas por el culo. Despues se levantó y con calma le cogio la cartera a mi amigo, le robo el dinero (todo esto ante los impotentes ojos de mi compañero de fiestas) y se largo.

Se largo dejandolo alli. ¿Os lo podeis imaginar? Cuando la policia llegó (alertada por un vecino que no dejaba de escuchar los gritos de socorro de mi amigo) se encontraron a este tipo desnudo, atado y con unas bolas chinas metidas por el culo.

De verdad, es una historia real, salió en las noticias locales y todo.

Despues de aquello lo cierto es que no volvi a saber mucho mas de mi colega. Creo que el rollo ese de las bolas le cambio un poco. Tal vez temiese que me riese de él o tal vez le hubiese gustado y quiso probar otros ambientes pero la verdad es que no volvi a verle. Al tiempo me heche otro compañero de bebida, cambiamos de bar a uno de esos semisotanos en los que solo entrarias si estas muy jodido o quieres levantarte en una bañera sin riñones. Empezamos a beber otras mierdas mas fuertes y con el tiempo me olvide del tema, de mi colega y todo eso.

Pero bueno, siempre resulta una historia graciosa para contar ¿No?

103- Capitulo 1: Metroland (actualizando viejas historias 01)

A principios de Septiembre aun hace calor cuando pega el sol en Bilbao. Los resquicios de la agonia de un verano corto y sin demasiado calor (como suelen ser los de alli) hacen que cualquier apice de sol sea explotado al maximo por sus ciudadanos que, como si hubiese una ley que obligase a ello, se hechan a las calles, a las terrazas y a los parques cercanos, bien a pasar un bonito dia en pareja, bien a estar con la familia. Carlos pertenecía al primer grupo y junto a Maria, su novia estaba tumbado con la cabeza en el regazo de ella en uno de los bancos del parque de Doña Casilda. Mientras ella hablaba él miraba a la gente que habia en el parque. Ancianos paseando, jovenes jugando en las canchas de baloncesto y lo que le pareció mucho mas interesante, un grupo de niños que comenzaba una pelea por un absurdo juego ante la que sus madres, sentadas en una terraza proxima, hacian caso omiso.

-¿Carlos? -preguntó Maria de pronto
-Si, ¿que pasa? -dijo él sin apenas interes.
-¿Me estas escuchando?
-Si si, espera un momento -uno de los niños acababa de dar un puñetazo a otro. La cosa parecia ponerse interesante.
-En serio quieres que espere por unos malditos crios! -le espetó ella levantandose.

Comenzó a andar para irse.

-Oye, ¿se puede saber que haces?
-Me voy Carlos
-¿Como que te vas?
-¿Me has estado escuchando algo de lo que te he dicho?
-Si, claro que si
-A ver, que te estaba diciendo
-No se... ¿algo de tu madre no?
Ana suspiró -Dios... no me estabas prestando nada de atencion. Te he dicho que me tenia que ir porque tengo que cuidar de mi hermana pequeña. Te he explicado que mis padres se iban de cena y que no me quedaba mas remedio. Y... joder, parece que a ti te de igual
-No me da igual
-Nadie lo diria
-¿Quieres no ponerte asi?
-¿Y como esperas que me ponga Carlos? En serio ¿Como coño esperas que me ponga si ni mi novio es capaz de prestarme atencion?
-Venga... no seas asi, quedate un rato
-No puedo. Acabo de decirtelo
-¿Y no quieres que te acompañe a casa?
-La verdad... no... ya no... Adios.

Carlos se quedó sentado en el parque viendo como ella se alejaba. Se encendió un cigarro y sintiendose mal por lo que acababa de pasar decidió volver a casa. Ya le llamaria cuando llegase.

+ + +

El lienzo atravesó la densa atmosfera de aguarras y humo que se había creado en el minusculo piso-estudio de Ana. El sonido del golpe ensordeció la voz de Marcus Mumford que en el ipod de ella cantaba Little Lion Man. Despues desesperada dio una patada a su lienzo y calló derrotada y sollozando junto a él. Era el tercer lienzo que tiraba esta semana.

La peor enfermedad que sufre el artista es la falta de inspiracion. A todos les pasa, de pronto un dia el deposito en el que guardan las ideas aparece vacio sin previo aviso y se entra en un estado de dique seco tremendamente frustrante. A Ana esta enfermedad no le era desconocida, le ocurria de cuando en cuando, normalmente a causa de un hecho en su vida que la trastocase aunque, en ocasiones muy especiales pasaba sin venir a que realmente.

Hundida dio una larga calada a su cigarrillo, levantó la cabeza y con ojos vidriosos miró a su gato, Remi, un regalo de un antiguo novio, que con compasion la miraba desde la cama.

-No me mires asi ¿Quieres? Estoy bien...

Apagó el cigarro, se levantó del suelo y puso de nuevo el caballete de pie. Se quedó mirando por la ventana. Hacia una tarde estupenda. De pronto no entendia que narices hacia ahi intentando pintar sin suerte, en aquella densa atmosfera de olores rancios a colilla y disolvente. Cogio su bloc de dibujo, su estuche, metio todo en su bolso y cogió la gabardina para irse. Si la inspiración no venia a ella, tendria que ir ella a buscarla.

+ + +

Aunque lo sencillo hubiese sido coger el metro mas cercano a casa a Carlos no le apetecía llegar alli. Necesitaba calmarse y aclarar las ideas por lo que acababa de pasar. No era la primera vez, lo cierto es que a despues de casi dos años de relacion llevaba los ultimos dos meses sin aguantar a Maria. No sabia que pasaba, pero algo habia cambiado. A sus 17 años se sentía agobiado por la situacion de tedio y rutina en la que se habia convertido su relación con su novia. Mientras se preguntaba en el modo en el que plantearle aquello a ella (ya que evidentemente no podian seguir por el mismo camino, ya ni siquiera sabia si queria seguir algun camino con ella) Carlos caminaba cabizbajo por la Gran Via bilbaína, haciendo caso omiso a los grupos de crias que salian de compras, los ancianos de caras tristes con mujeres con cara de perro (el clasico matrimonio de madrid) y los negros que vendian CDs frente a la diputacion ante la atenta mirada de la policia local.

Siguió caminando, cruzó el puente hasta el Arriaga y el Arenal y decidió que ya era hora de volver a casa.

Se sentó en uno de los bancos del metro del casco viejo y recordó cuantas noches habia esperado al metro como aquel dia. Ya no iban al casco viejo, esa etapa la habian dejado atras, como tambien habia dejado atras las incansables busquedas por todos los bares de Iturribide y Barrenkale de Maria. Comenzó a recordar cuando la conoció, en un metro borrachos, sus inocentes conversaciones por messenger, cuando le hacia "perdidas" como si aquello significase un mundo y como, cada fin de semana, trataba por todos los medios arrastrar a sus amigos hasta los bares en los que estaba ella. Hasta que consiguió que empezasen a salir.

Mientras se preguntaba en que momento se había jodido todo y si sabria (o si quiera queria) encontrar la solucion se metió en el metro.

+ + +

La estación de Astrabudua estaba sorprendentemente vacia. No es que nunca hubiese nadie a esa hora, y menos en la direccion en la que Ana iba a tomar el metro, pero lo cierto es que tal vez algo de compañía le hubiese hecho sentirse un poco menos sola. Sobre todo despues de ver una pareja que caminaba cogida de la mano en el paseo que tenia enfrente.

Deprimida recordó como su antiguo novio la había dejado por otra varios meses atras. Recordó el dolor y, en soledad (como siempre que llegaba hasta ese punto) no pudo evitar reconocer que aun le dolía un poco. Se lió un cigarrillo y se hundió en su gabardina, habia empezado a anochecer y la temperatura habia bajado considerablemente.

Aun quedaban diez minutos para el metro

+ + +

El vagon salió a la superficie en Erandio. Apenas había nadie dentro salvo Carlos que miraba por la ventana, como siempre, la galeria de arte urbano que se extiende paralela a las vias del metro de Bilbao. Le encantaba aquello, la ria, las gruas y como, cuando el sol se ponia, el agua se volvia naranja y las maquinas parecian sombras de gigantes, fruto de alguna clase de civilizacion antigua.

Maria nunca entendió eso. Él siempre se fijaba en las pequeñas cosas y ella nunca parecía ver nada en ellas. Resultaba tan hueca a veces...

El metro llegó con su incesante traqueteó a la estación de Astrabudua y, por primera vez en las ultimas tres estaciones, la puerta se abrió.

+ + +

El vagon estaba tambien sorprendentemente vacio. Aparentemente en todo el tren solo habia un chico, de unos diecisiete o dieciocho años, que la miraba extrañado. Ana decidió sentarse en el asiento contrario al suyo. Con calma (y ante la atenta mirada del chico) sacó su cuaderno y un lapiz y se puso a dibujar.

El chico volvió a mirar por la ventana nada mas el tren comenzó de nuevo su viaje. Por algun motivo él tambien parecía triste y preocupado. Comenzó a dibujarle.

+ + +

Carlos se sentía observado. Por el rabillo del ojo miraba a la nueva pasajera del metro. Una chica bastante guapa de veintipocos, con gafas y una gabardina que garabateaba en su cuaderno mientras, de cuando en cuando, le echaba una mirada furtiva. Resutaba evidente que lo estaba dibujando a él, pero no dejaba de resultar ridiculo su modo de disimular. No podía ser mas evidente.

Al final no pudo evitar dejar escapar una sonrisa mientras intentaba pensar en una frase que no sonase idiota para romper el hielo.

+ + +

Se habia dado cuenta. El chico se habia dado cuenta de que ella lo estaba dibujando y habia empezado a sonreir. Por algun motivo ella comenzó a sonreir tambien. Al final pareció armarse de valor y miró a Ana:

-Que dibujas?
Ana pensó que era la frase mas estupida para romper el hielo que podia haber hecho pero sin embargo le resultó encantadora -Bueno, creo que resulta evidente que te estoy dibujando a ti-dijo con una sonrisa
-¿Puedo verlo?
-Claro, ven.

El chico se sentó a su lado.

-¿Que te parece? Acepto cualquier critica asi que no te cortes.

+ + +

Carlos se sentia de pronto sorprendentemente comodo

-No podria estar mejor
-Gracias -dijo la extraña.

El metro se detuvo en la estacion de Areeta. Él se quedó mirando por la ventana.

-¿Es tu parada? -preguntó la chica
-Si...
-Vaya... que lastima, ahora que empezabamos a conocernos.

Carlos sonrió y no dijo nada, se levantó y caminó hasta la puerta.

-A ver si coincidimos otra vez en el metro.
-Eso espero. Me gustaria volver a dibujarte.

Cuando las puertas se cerraron tras Carlos y el metro comenzó de nuevo su viaje ninguno de los dos tuvo la sensacion de que aquella fuese a ser la ultima vez que iban a verse.


97-I really fucked it up this time

Por aquel entonces vivian en una casa sobre una tienda. No es muy raro (ni lo era por aquel entonces) vivir encima de una tienda, el 90% de los edificios tienen en sus bajos lonjas utilizadas para el comercio, y luego del primer piso en adelante pisos en los que vive gente. Lo curioso de aquella casa era que aparte de su pequeño hogar no habia nada mas. Era un edificio de dos plantas, la planta baja era la carniceria del Tio Joe y la alta, a la que se accedia por una escalera en el callejon trasero, era su hogar. Supongo que mis padres siempre vivieron en casas mas o menos curiosas.

Mi madre estaba leyendo, no recuerdo que, por aquel entonces tampoco me interesaban las cosas que leia mi madre, yo tenía seis años, mis unicas preocupaciones eran John Wayne, conseguir algo de dinero y llegar a jugar en alguna liga profesional (por aquel momento no tenia decidido cual).

Sonaba la radio, a mi madre le encantaba la musica. Mientras ella leia yo jugaba con mis vaqueros de juguete conquistando colonias y masacrando indios.

Todo era calma, todo era paz.

Y entonces entró mi padre.

Abrio la puerta de un golpe, tenia muchas marcas en la cara, habia tenido una buena pelea y se sujetaba las costillas con un brazo. Mi madre se puso nerviosa y le ayudó a llegar al sofá. No era la primera vez que mi padre llegaba en un estado parecido a casa, debido a su trabajo como cobrador para Tony, un prestamista que vivia un par de calles mas abajo, a veces terminaba metido en verdaderos fregados, evidentemente siempre ganaba él, por eso volvía siempre a casa, pero ya habia aprendido que mi padre no era Superman y que a él los puñetazos le dolian y si le rajaban con un cuchillo sangraba. Por eso entendia que mi madre (a pesar de que yo lo sigugiese viendo como un héroe Pulp, un tipo duro incapaz de morir) se preocupase tanto

-Jack, un dia me vas a matar del susto -le dijo mi madre en tono de reproche- ¿Es que no te das cuenta que no puedes seguir metiendote en estas cosas? ¿Que narices ha pasado esta vez?
-La he jodido Claire. Esta vez la he jodido de verdad...
-¿Que ha pasado?
-Nos dieron un nombre, como siempre, fuimos alli pero el tipo no estaba, era todo una trampa... hay un nuevo prestamista en la ciudad y no quiere que nadie mas gane dinero con ese negocio. Dios... estan locos cariño, esos putos irlandeses estan como malditas cabras. No parecian tenerle miedo a nada. He tenido suerte de salir de aquel almacen con vida...
-Y que pasa con Tony?
-Han quemado su local con él dentro.
-Dios mio...
-Si... y pronto vendran a por mi. Creo que soy el unico que queda.
-¿No puedes unirte a ellos?
-Estan locos Claire, no quieren que me una a ellos, van a venir y van a matarme.
-Tenemos que huir.
-No podeis huir mientras vaya con vosotros. Me quieren a mi, no a vosotros.
-No puedes estar sugiriendo lo que creo que estas sugiriendo.
-Es la unica manera cariño.
-No pienso dejarte
-No se trata de lo que pienses, se trata de lo que tienes que hacer, y si no lo haces por nosotros hazlo por nuestro hijo.

Mi madre estalló en lagrimas pero accedió. Dio un beso a mi padre, el último y luego él me pidio que me acercara. Me abrazó.

-Cuida de tu madre. -me dijo- Ahora vas a tener que ser fuerte por los dos... se que podras hacerlo.

Despues mi madre curo las heridas de mi pare y lo dejamos tumbado en el sofá, hicimos las maletas y cogimos el viejo Chevy del 57 de mi padre. Mientras nos alejabamos de aquella casa extraña mi madre no podia dejar de llorar.

93-La frustracion de los desaparecidos

Escribió su nombre en el buscador del tuenti.

0 resultados. "Bueno" pensó ella "es raro, pero igual es de los que solo tiene facebook".

No podia esperar en encontrar y cotillear al maravilloso chico que habia conocido la noche anterior. Entró en Facebook, hacía siglos que no lo abría, muchos mensajes nuevos, nada de lo que no pudiese ocuparse despues. Tecleó a toda prisa el nombre, presionó el enter...

0 resultados.

Comenzó a extrañarse. El chico no existia. ¿Y si le habia mentido? ¿Y si aquel no era su verdadero nombre? No... aquello no podía ser cierto, parecía un buen chico, habían conectado bien, todo parecía funcionar perfectamente... no podía haberla mentido.

-¿Que pasa? -preguntó Ana, su compañera de piso que estaba sentada en el otro sofá- ¿Le encuentras?
-No...
-¿Como que no? ¿Has probado en Facebook?
-Si... y nada
-¿Nada?
-Nada.

Hubo un silencio incomodo

-¿Y si te dijo un nombre falso?
-Ya lo he pensado
-¿Y?
-No creo... no parecía de esos.

Sus nervios comenzaron a aumentar y tecleó en google su nombre. Nunca habia estado tan desesperada por encontrar a un chico.

0 resultados. Ni un blog, ni un fotolog, ni una mencion en ninguna parte. Aquel chico simplemente no existia. Debía haber mentido sobre su nombre, era eso, no había duda.

Su enfado comenzó a aumentar. ¿Como podía haberle hecho eso? Si aquello no era verdad ¿que lo era de toda la noche que habian pasado juntos? ¿De verdad habían conectado o no era mas que la falsa ilusion que él había decidido darle? ¿En serio ella había caido tan facilmente en su juego?

-Que cabron -dijo en alto dejando escapar sus pensamientos
-¿Que pasa?
-Que ha tenido que mentirme en lo del nombre... y si me ha mentido en eso... a saber que de lo que me dijo era verdad
-Venga Lara, no seas paranoica, seguro que no te ha mentido
-Tia, no está en tuenti ni en facebook
-¿Y? eso no significa nada, hay mucha gente que no está en tuenti ni en facebook.
-Tia.... no está ni en tuenti ni en facebook...
-¿Y?
-¿Que clase de persona no está en ninguna de las dos cosas?
-¿Que mierda de pregunta es esa? Un monton de gente no está en esas cosas, yo hasta hace como seis meses no tenia
-Ya, pero hace seis meses te hiciste
-Igual no se ha hecho todavia...
-No jodas Ana... me ha tenido que mentir.
-O no... Lara en serio, no tiene porque haberte mentido.

Ana tenia razón, tal vez no la hubiese mentido. Pero entonces, si no estaba ni en tuenti ni en facebook... ¿como narices se ponía en contacto con él? Quería volverlo a ver pero era imposible si no era capaz de hablar con él. No se habian pedido los numeros de movil, no habian intercambiado e-mails, no sabía nada mas de él aparte del nombre.

-Mierda...
-¿Que pasa ahora?
-¿Como me pongo en contacto con él?
-No se... ¿no tienes su numero?
-No... ya no pregunto moviles, con eso del tuenti ya no hacía falta.
-Bueno -contestó Ana riendose- ya ves que si
-No seas zorra, esto es serio, podemos estar hablando del amor de mi vida, no sabes lo bien que conectamos ayer... y hoy... hoy no existe
-Como las mejores historias de amor entonces
-No me ayudas Ana
-Lo digo en serio tia, piensalo, si no le vuelves a encontrar se quedará en una gran y bonita historia de amor.
-Pero es que no quiero que se termine
-Pues... haz algo Lara
-¿Y que hago?
-A mi no me preguntes, tu eres la experta en relaciones de pareja y sociales.
-Mierda... joder, mierda....

Calló derrotada sobre el sofá. La musica sonaba a todo volumen en el ordenador de su compañera. El dia anterior habia pasado la mejor noche en meses y no volvería a ver al chico. "Que ironía" pensó, y mientras reflexionaba sobre el retorcido y nada gracioso sentido del humor del universo su movil comenzó a vibrar en la mesa.

Lo cogió apresurada, era un numero que no reconocía.

-Si? -pregunto extrañada
-¿Hola?... ¿Lara? -contestó una voz al otro lado del telefono
-Si soy yo, ¿Quien eres?
-Soy Alvaro, Alvaro Masa -dijo

De pronto el mundo se detuvo y a Lara se le iluminó la cara mientras su corazon se aceleraba y le daba vueltas de campana en el pecho

-Soy el de ayer ¿te acuerdas? -preguntó Alvaro al no obtener respuesta
-Si... -respondió ella nerviosa- Claro que me acuerdo...
-¿Es él? -le preguntó entonces Ana que se habia dado cuenta de la situacion.
Lara asintió con la cabeza -¿De donde has sacado mi numero?
-Bueno... ya sabes, de aqui y allá, se ve que Madrid no es tan grande al final.
-Venga... ¿de quien?
-Pues... resulta que buscando buscando algun amigo comun teniamos. He tenido algun que otro problemilla y he tenido que pedir un par de favores, pero bueno necesitaba tu numero.
-¿Y eso?
-Porque como iba a volver a verte si no tenia tu numero

Aquello casi hace que Lara se desmalle

-¿Tienes ganas de verme o que?
-¿Tú no o que?
-Claro que si. De hecho te he estado buscando en tuenti y en facebook como una loca -dijo riendo
Alvaro se rió tambien al otro lado del telefono -Pues mal vas por ahi, no tengo ninguna de las dos
-Ya me he dado cuenta ¿y eso?
-No se, no van conmigo supongo...

Lara se levantó y comenzó a caminar hacia el cuarto para hablar con mas intimidad

-Bueno, ¿entonces cuando quedamos? -preguntó la voz de Alvaro al otro lado del telfono.

Antes de contestar calló sobre la cama con una sonrisa de oreja a oreja

-Cuando tu quieras -dijo.

71-Breve historia (porque hace mucho que no cuento cuentos)

-No puedo ir -dijo su voz al otro lado del telefono y el corazón de ella se saltó un latido
-Como que no puedes ir... -respondio ella tratando en vano que no le temblase la voz.

Hubo un silencio y él suspiró

-No es que no pueda. Es que no quiero ir.
-... Es el dia mas importante de mi vida, quieres no ser tan egoista por una vez en tu vida.
-No, en esto no.
-¿Porque no? -una lagrima le recorrió la mejilla
-Porque no quiero ver mi gran derrota. Adios preciosa.

Y colgó.

+ + +

Dos meses despues un domingo por la tarde de Mayo el sol brillaba con fuerza. Las puertas de la iglesia se abrieron y ella entró con su vestido blanco. Su triste mirada recorrió a todos los invitados de la iglesia pero él no estaba. "Al final si que no ha venido" pensó. Despues miró al hombre que la esperaba en el altar, su futuro marido y trató en vano de olvidar al otro, al ausente, al egoista. Tenía que centrarse en lo que estaba haciendo.

No muy lejos de alli, en un bar, el chico se pidió una copa.

-No es bueno beber para olvidar -dijo el camarero mientras se la bebia
-Que te hace pensar que bebo para eso? -balbuceo ebrio
-Bueno... Nadie bebe tanto aqui, y menos aun a las seis de la tarde, si no tiene algo que olvidar.
El chico sonrió -Pues si... supongo que si que tengo algo que olvidar...
-Y que es tan grave que deba olvidarlo
Levantó la cabeza sin dejar de sonreir, con esa mirada perdida que tienen los borrachos -Bueno, hoy es mi gran derrota. La chica de mis sueños, aquella que nunca me verá mas que como un hermano va a casarse con un cretino... y no puedo hacer nada para evitarlo.
-Y que haces aqui?
-Que quieres decir?
-Te ve como a un hermano y no estas en su boda?
-Que parte de todo lo que he dicho no has terminado de entender? Es mi gran derrota
-Y es su gran dia genio. Nunca te perdonará que no vayas.

El camarero se dio la vuelta sin mirarlo. Él se quedó en silencio mirando a su vaso.

-Si quieres que te de mi opinion chaval -dijo sin mirarlo- deberias darte la vuelta e ir alli cagando leches. Deja tu puto orgullo de lado, a veces no somos los protagonistas de nuestra historia.

Despues ninguno de los dos volvió a decir nada.

+ + +

Media hora despues estaba oficialmente casada. Y él no había aparecido. Mientras caminaba hacia la salida miraba a todas las caras sin encontrarse la unica que de verdad buscaba.

-¿Que pasa cariño? -dijo su nuevo marido
-Nada, dijo ella sonriendo.
-Segura?
-Si, no te preocupes.

Salieron al parque de la iglesia, alli los esperaba el resto de invitados que comenzó a lanzarles arroz a grito de "Que vivan los novios". De pronto al fondo le vio. Estaba apollado en un arbol, tenia la peor pinta con la que lo habia visto en mucho tiempo y llevaba una cerveza en la mano. Por un momento se temió que montase un numero delante de todo el mundo.

Sin embargo el chico se limito a dedicarle media sonrisa y a levantar su cerveza en señal de aprovacion. Ella le devolvió la sonrisa. Sin embargo una vez hubo saludado a la familia y fue a buscarlo él ya no estaba.

Pero para ella ya habia sido suficiente. Sonriendo volvio a su nueva vida con su nuevo marido. No lejos de alli un taxi alejaba a un chico borracho del lugar de su mayor derrota.

-Bueno y donde quiere que le deje? -dijo el taxista
-Lejos de aqui, y dese prisa
-Y eso porque? Está huyendo de algo?
Sonrió -Hoy todos os habeis levantado perspicaces o que?
-Disculpe?
-No... nada...
-Entonces, ¿De que huye?
-No escapo... Pero supongo que no todas las historias tienen finales felices.